Nuncio Apostólico en Día del Trabajo: La presencia del Señor hace que nuestra vida dé fruto

El Nuncio Apostólico en ChileMonseñor Alberto Ortega Martín, presidió la Misa del Día del Trabajo, acompañado por el Arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomali Garib, la mañana de este domingo 1 de mayo en la Catedral.

Monseñor Alberto Ortega afirmó que este domingo de Pascua, que también es el Día de los Trabajadores, es una ocasión preciosa para ver cómo la presencia de Jesucristo y el encuentro con Él “es la novedad que cambia todo”.

En su homilía hizo alusión a lo vivido por los discípulos y al Evangelio de hoy (Jn 21, 1-19), donde volvieron a lo que sabían hacer, que era pescar. “Habían estado unos años con Jesús, pero habían vuelto a la vida de antes y con una desilusión de que no habían pescado nada. Y a veces puede pasar también esto en nuestra vida. Ciertas opciones que uno ha tomado y que le han entusiasmado, con el pasar del tiempo poco a poco se van como apagando. Uno empieza a nivel laboral, a nivel familiar o a nivel también de la fe con mucho entusiasmo y luego poco a poco la vida se va apagando y uno está triste, porque no produce fruto”.

“Y qué es lo que hace Jesús en estas circunstancias, en la que nos podemos ver muchas veces reconocidos. ¿Qué es lo que hace Jesús? Pues vuelve a tomar la iniciativa y se vuelve a hacer presente a los discípulos y no les regaña (…) simplemente vuelve a estar con ellos”, enfatizó.

Los discípulos habían estado toda la noche y no habían logrado pescar nada, pero cuando Jesús se hizo presente y les dijo que volvieran a echar la red y ellos obedecieron, entonces las redes se llenaron de peces. “Es la presencia del Señor que hace que nuestra vida dé fruto”, afirmó Monseñor Ortega.

Asimismo, destacó que Juan haya reconocido al Señor e indicó que a Jesús “se le reconoce no en la teoría, sino por los frutos de bien que produce en la vida. La presencia del Señor que hace que la vida se llene y que el trabajo sea diverso, que en la familia se viva con más afecto, que todo se renueve”.

El Nuncio Apostólico también habló de la actitud de Pedro, que al escuchar que se trataba del Señor “se echa a lo loco al agua para ir donde Jesús” y destacó “la ternura de Jesús, quien para que le puedan reconocer, para que no se escandalicen de su Pasión y para hacerles ver que está vivo, prepara algo de comer, unos pescaditos y el pan, como habría comido tantas veces con ellos. Y ahí los discípulos le reconocen y se llenan de alegría. ¡Qué bonito! la presencia del Señor que da fruto, que hace nuestra vida dé fruto”.

En ese contexto, también se refirió a la actitud de Jesús con Pedro, quien días antes lo había negado, y sin embargo “no le regaña” ni le pregunta qué pasó, sino que le dice “lo que más le interesa, lo que quiere Jesús de nosotros ‘¿Me amas?’ ¡qué conmovedor!”.

“La misericordia de Dios es mucho más grande”, la traición no cuenta, sino que lo que importa es el amor, pues “Pedro en su debilidad quería al Señor y lo quería verdaderamente, aunque lo había negado, lo quería de todo corazón”, explicó.

Luego de que Pedro respondiera “Tú sabes que te amo”, el Señor le dijo “apacienta mis ovejas”. Al respecto, Monseñor Ortega enfatizó que “la misión no se basa en las cualidades del pastor, sino en la misericordia de Dios y en la disposición de seguir al Maestro”.

“Muchas veces nosotros estamos desilusionados porque no hemos pescado nada, muchas veces hemos podido también traicionar al Señor de una manera o de otra y podríamos pensar ¿y qué va a decirnos el Señor? y el Señor ¿qué nos dice?: ‘¿Me amas?’ (…) es lo que le interesa, esa relación de amistad con nosotros”, afirmó.

Día del Trabajo

Monseñor Alberto Ortega insistió en que el Señor sale a nuestro encuentro y nos pregunta si lo amamos, porque nos invita a seguirlo. “Nos viene al encuentro de mil maneras y lo podemos reconocer por los frutos de bien que hace en nuestra vida. Sin Él nuestra vida está vacía, con Él todo se renueva y todo se convierte -hoy que es el Día del Trabajo- en una colaboración con la obra de Jesús, con la obra de renovar el mundo, de salvar el mundo, de dar esperanza al mundo. Ese es el trabajo más importante y que coincide con la fe: reconocer a Jesucristo, abrirle el corazón para que con Él todo se haga nuevo”.

En ese sentido, llamó a -por medio del trabajo- “colaborar con el designio de Dios, que quiere el bien de cada uno de los hombres” y recordó las palabras del Papa Francisco, quien siempre expresa su preocupación por aquellos que no tienen trabajo, pues es una prioridad. “Tenemos que tener ese deseo en el corazón”, no sólo para que tengan un sueldo a final de mes, sino que también “para que se realicen, para que colaboren, para que se sientan importantes, para que vivan la dignidad del trabajo, es lo más digno que hay, todos los trabajos tienen esa dignidad”.

También recordó a quienes son empresarios que el criterio no puede ser ganar más, sino “la dignidad de la persona, es dar trabajo a las personas, cuidar a las personas en el sentido más profundo de la palabra. Ese es el sentido del trabajo y el Señor nos viene al encuentro también en la gente que necesita trabajo o que quiere condiciones de trabajo más adecuadas”.

“Pedimos en este Día del Trabajo que el Señor nos toque el corazón, que se nos haga presente como a los discípulos una vez más, que de ese encuentro con Jesucristo (…) nuestra vida se renueve y sea una colaboración con la obra del Señor, para hacerle presente como fuente de vida, de salvación y de alegría para todos los hombres”, puntualizó.

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