Familiares piden que no cese la búsqueda de misionero de Isla Mocha desaparecido en río Biobío en Laja

Elizardo Matamala Cea

Los familiares de Elizardo Matamala Cea (35) pidieron que no cese la búsqueda del misionero de Isla Mocha quien, junto a su cuñado Deivid Gatica (18), desaparecieron el pasado sábado (25 diciembre) en las embravecidas aguas del río Biobío, en el sector Diuquín, comuna de Laja.

Según información entregada, Elizardo ingresó junto a su cuñado al río tras un llamado de auxilio de su hijo de 9 años quien era arrastrado por la corriente.  El menor, de 9 años, logró ser rescatado con vida desde las aguas, pero aún siguen desaparecidos los dos adultos.

En el lugar trabajan voluntarios de Bomberos y el Grupo Especializado para Rescate Sub Acuático (Gersa).

“En primera instancia eran tres, un menor de 9 años que fue rescatado y dos personas adultas, uno de 18 y el otro de 35 años. Se activó el protocolo nuestro, contando con el equipo Gersa de San Rosendo y equipo Gersa de Nacimiento”, indicó el comandante del Cuerpo de Bomberos de Laja, Pedro Rivas, quien también informó que “hasta el momento no hay ninguna novedad sobre los cuerpos“.

Gonzalo Matamala Cea, hermano de Elizardo publicó en su Facebook:

“Seguimos en búsqueda de los restos mortales de Elizardo Matamala Cea y Deivid Gatica. Esperemos hoy los podamos encontrar para darles cristiana sepultura y algo de consuelo a nuestras familias. Llegaron manos de ayuda, pero aún faltan más equipos de buceo especializado de rastreo profundo.  El rio subió de nivel producto de las centrales eléctricas. Mucho espacio para revisar y demasiada corriente”.

Por su parte, Gabriela Cuevas, misionera de la Misión Isla Mocha perteneciente a la Parroquia de Lebu, se suma al llamado y solicita que las autoridades ayuden en la búsqueda de ambos.

A través de sus redes sociales destacó la labor de Elizardo, expresado que “mi hermano misionero tenía 35 años y siempre participó de la iglesia. Era muy comprometido con la Misión en Isla Mocha”, agregando que “amó profunda e inmensamente a Dios. Cada día, en misión en Isla Mocha y en su vida, adoró a Dios incansablemente y cantaba con amor pues sólo con palabras no era suficiente. Quienes tuvimos el regalo de compartir la vida con él fuimos testigos de cuanta fe sentía y cuando amor sentía por sus hijos, pues era un padre increíble, dio todo por ellos siempre”.