El marketing de personajes históricos

Para esta semana tenía preparado un artículo referente a la Reina Isabel II como ícono pop, el cual decidí cambiar para la próxima semana debido al deceso de su consorte Felipe de Edimburgo. El escribir esa columna me hizo pensar como a lo largo de la historia muchos pueblos y personajes han ido mostrando al mundo una imagen con el objetivo de posicionar su marca personal.  En el siglo XX el nazismo y fascismo marcaron una pauta en la forma por la cual los dictadores se mostrarían a sus pueblos.

Sin duda, quienes fueron los iniciados y expertos en posicionamiento de marca personal, fueron sin duda los macedonios con la imagen de Alejandro Magno, quien en tiempos de Julio César, a más de 250 años de su muerte, tenía estatuas en muchas ciudades del mundo conocido, se dice que el conquistador de las Galias lloró frente a su estatua al darse cuenta que a la misma edad que murió Alejandro no había conseguido nada en su vida. El propio Julio César posteriormente con su libro de Historia de la Guerra de las Galias, comenzó una publicidad de su imagen que junto con sus conquistas lo llevarían a lo más alto en Roma.

Posteriormente con el surgimiento del imperio con Augusto, este con la finalidad de glorificar a Roma y demostrar que esta siempre estaba destinada a la grandeza, encarga al poeta Virgilio la composición de la Eneida, la cual relata el viaje del príncipe de Dardania Eneas desde Troya hasta Italia. Posteriormente en toda la historia imperial todos los emperadores lo primero que harían al llegar al poder sería acuñar monedas y hacer esfinge con su rostro, a fin de ser conocidos a lo largo y ancho de todo el imperio. Tanto era la consciencia de la importancia de la marca personal, que un emperador que llegaba al poder luego de una guerra civil, lo primero que hacía era solicitar al senado la Damnatio Memoriae, locución latina que significa “condena de la memoria”, mediante la cual se procedía a eliminar imágenes, inscripciones, monumentos y así todo lo que recordara al condenado.

En cambio si el emperador realizaba un buen gobierno o tenía apoyo del nuevo emperador el Senado decidía que se había convertido en dios y que por tanto, rindiera culto público. Esta forma de actuar de los emperadores marco pauta para lo que sería el actuar de diferentes gobernantes y que se ha ido reforzando en la medida en que fueron apareciendo nuevos métodos de comunicación masiva, como lo fueron en su tiempo la imprenta, radio, televisión y en el tiempo actual las redes sociales.

Cristóbal Cifuentes, Abogado.