Prevención de abusos: participación activa, formación y avances

El Consejo de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción para la Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas fue creado hace aproximadamente seis años, teniendo como función principal la ejecución de las orientaciones y criterios de la Conferencia Episcopal referentes a este tema, así como también las del Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas.

Bajo ese contexto, el Consejo Arquidiocesano desarrolla una importante misión en tres ámbitos: recepción de denuncias, prevención de abusos y acompañamiento de víctimas. Cada una de estas líneas de trabajo se llevan a cabo a través de un acompañamiento ‘por un grupo de hermanos, actuando en comunión y distinguiéndose en sus funciones’.

En primer lugar, el estamento de recepción de denuncias tiene por fin la escucha de las posibles víctimas de abuso sexual o de conciencia por parte de clérigos o laicos al interior de la iglesia, y junto con ello, recibe y tramite la denuncia ante la autoridad eclesiástica competente.

Por otra parte, el estamento de prevención de abusos tiene como objetivo la ejecución de los programas de formación básica en la Arquidiócesis, para instaurar una cultura de prevención y ambientes sanos y seguro al interior de las comunidades eclesiales.

Finalmente, el estamento de acompañamiento de víctimas tiene como misión principal gestionar y acompañar los procesos terapéuticos para todo tipo de víctimas de abuso por parte de clérigos.

En ese marco, María Cristina Benavente, Coordinadora del Consejo Arquidiocesano de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas, se refirió al rol e importancia que posee este tipo de programa:

El elaborar e implementar programas y sistemas de prevención de abusos es una tarea que la Conferencia Episcopal ha planteado a nivel nacional. ¿Considera que es una señal necesaria por parte de la Iglesia Católica? ¿Da esta medida mayores garantías a la comunidad?

La implementación de sistemas de Prevención de Abusos es una tarea en la cual la Iglesia Católica tiene un rol activo –más allá de considerarlo una señal de parte de la Iglesia–; es un rol que se debe realizar de manera activa, en defensa de la dignidad de la persona humana, es por ello que el trabajo que realiza el Consejo Nacional de Prevención de Abusos, no solo es necesario, sino prioritario dentro de la Iglesia Católica.

Las medidas que se implementen a nivel nacional, no serán nunca suficientes por sí mismas, sin el apoyo de la comunidad. Todos debemos tener un rol activo en la prevención, esta es una de las tareas que se nos encomienda a los Consejos diocesanos, el mantener un rol de promoción en la prevención de abusos de manera activa, movilizando a la comunidad como terceros activos, participantes del proceso de prevención. No basta con implementar puertas con cristales, o pegar afiches, si no estamos preocupados de fomentar las responsabilidades que tenemos cada uno de nosotros en frenar los abusos dentro de los contextos en los que nos movilizamos, desde nuestra familia, vecindario, colegios, agrupaciones, movimientos, etc. La prevención no se debe centrar solo en contextos de la Iglesia, sino en la comunidad en general.

En el plano local, ¿qué lineamientos ha contemplado la implementación del Departamento de Prevención de Abusos? ¿Qué cambios concretos ha traído su entrada en vigencia?

La implementación del Consejo de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas, ha significado establecer una estructura dentro de la iglesia que se preocupa, no solo de la prevención, sino también de establecer un equipo de recepción de denuncias y de acompañamiento.

Para ello se ha trabajado en la formación de diversos equipos, contando con un grupo de formación dentro de la diócesis, cuyo foco está en la capacitación respecto de la prevención dentro de las distintas áreas de la Iglesia de Concepción.

Respecto a los cambios concretos se puede ver la existencia de una institucionalidad que se está implementando, teniendo que cumplir con requisitos mínimos dentro de cada Diócesis, como es por ejemplo el que haya un encargado de la recepción de denuncias. En nuestro caso, se eligió a laicos para esta labor.

Además, se está trabajando en dar formación, la que debe cumplir con requisitos de asistencia, para que cada persona que labore dentro de la Iglesia Católica de Concepción, independiente del rol que realice, deba cumplir con la formación básica de prevención de abusos, que otorga el equipo de formación del Consejo.

Se está trabajando además, en generar equipos de base, en cada expresión de la Iglesia, por ejemplo en las parroquias, para que la tarea de la prevención sea asumida desde las bases como prioritaria, con la asesoría y orientación del Consejo Arquidiocesano de prevención, y por supuesto, siguiendo los lineamientos establecidos por el Consejo Nacional.

¿Qué extensión ha tenido el trabajo en torno a la prevención de abusos a nivel regional? ¿Qué organismos de la Iglesia se han adscrito a este desafío?

El trabajo de prevención dentro de la Arquidiócesis, ha significado la coordinación con las distintas áreas pastorales, se ha avanzado en la formación básica. Por ejemplo: en el área de educación, formando a profesores de religión; en las parroquias, a los agentes pastorales; el personal apostólico, entre otros. No obstante, aún queda mucho trabajo por hacer.

Debemos reconocer que la crisis sanitaria frenó el trabajo formativo, ya que se ha priorizado en que este sea presencial, por lo que se suspendió prácticamente durante todo el año 2020. No obstante a ello, se aprovechó este tiempo para la capacitación de nuevos formadores, vía online, desde el equipo nacional, lo que nos permite poder contar con más personas habilitadas para entregar la formación básica dentro de la Arquidiócesis.

Cabe mencionar que ya se retomó la labor de formación básica, ahora vía online, siendo el decanato Arauco los primeros que se motivaron por este medio y se sumaron a la labor de capacitar a sus miembros de equipos de base. Esta formación que se realizó en el mes de enero contó con una gran participación y con mucho entusiasmo en los participantes.

Es claro que en la región se ha dado énfasis a la prevención de los abusos, pero ¿cómo ha sido el trabajo en torno a otras áreas, como lo son, por ejemplo, la reparación de las víctimas y la educación de los clérigos y agentes pastorales?

Como se mencionó anteriormente, la función del Consejo no es solo la tarea formativa, sino que también como tarea prioritaria el acompañamiento a las víctimas. Estamos siempre disponibles para ellos, pero asumiendo respetuosamente el ritmo de cada una de las personas que requieren el acompañamiento. Es una labor que se debe basar en el respeto a la dignidad de la persona, por lo que no se debe forzar, pero siempre disponibles para acompañar en sus procesos de reparación.

Cabe mencionar, además, que la tarea del equipo de acompañamiento, así como es respetuosa de cada proceso, también es respetuosa respecto de la confidencialidad de dichos procesos, no queremos que las personas con las que trabajamos se sientan expuestas, por lo tanto, este proceso es respetuoso de tiempos y espacios, realizado por profesionales competentes en cada área.

El Papa Francisco, en su Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, habla de la necesidad de generar una nueva cultura de cuidado que alcance todas nuestras costumbres y relaciones. ¿Qué desafíos particulares enfrenta la región, y cuáles comparte con el resto del territorio nacional? ¿Considera que nuestra región debiera liderar este cambio al que ha llamado el Papa?

El Papa Francisco nos está motivando a través de su carta a tener un rol activo en el establecimiento de una cultura del cuidado, sabemos que la cultura tiene que ver con la formación de un pensamiento colectivo, que se transmite de generación en generación, por lo cual no se puede obtener o lograr de un minuto para otro. El establecer una cultura del cuidado, significa que debemos enfocarnos en trabajar en ello y debemos contar con la participación de todos los miembros de una comunidad. Por lo tanto, basados en ello, nuestra Arquidiócesis comparte los mismos desafíos del resto de la región, en las reuniones que se generan desde el Consejo Nacional, tenemos la oportunidad de compartir los avances y dificultades que se generan en el trabajo de los Consejos. Las mayores complicaciones están dadas por los tiempos de los miembros del Consejo, ya que es una labor primordialmente de carácter voluntario, y por lo tanto, debe compatibilizarse la jornada laboral de los miembros de los equipos, con los tiempos que se requieren para entregar la formación y participar de las reuniones de coordinación.

A pesar de ello se cuenta con el compromiso y la motivación de ser agentes activos en esta tarea encomendada, además, cuando nos reunimos con la comunidad también se está generando la inquietud de conocer más del tema. Esto ya sobrepasó, la convocatoria inicial, que tenía que ver con los hechos lamentables de los abusos cometidos al interior de la Iglesia Católica, ahora nos mueve además el ser agentes activos en la prevención de los abusos dentro de nuestras comunidades en general, por lo tanto, estamos cumpliendo con el llamado que nos hace el Santo Padre. Esta tarea esta recién iniciándose y seguiremos empeñados en que se realice de la mejor forma posible.

Respecto a si debemos liderar o no esta tarea, creo que lo importante es estar activos, los cambios se generan conforme los ritmos particulares de cada comunidad, esto no es una competencia respecto a quien tiene más logros en menor tiempo, sino que lo importante es generar logros permanentes,  mientras vayamos avanzando y seamos fieles al llamado que se nos hace, estaremos cumpliendo con la tarea que se nos ha confiado.